Flammarion

Desde hace tiempo reflexiono en la poca importancia que debería tener la catalogación y etiquetas a la hora de hablar de la espiritualidad. Y es que nos hemos olvidado que el verdadero espíritu es aquel que se manifiesta directo al corazón, penetrando en lo más profundo de nosotros para despertar los pájaros y las serpientes anidados en nuestras grutas y cumbres. Los antiguos no tenían miedo del mito y conocían su valor y transmisión, dejando que éste tomara forma de boca en boca, de espíritu en espíritu, hablándonos de unos dioses que constantemente han dialogado con nosotros, regalándonos sus lluvias, floreciendo los campos, iluminando nuestras noches y oscureciendo nuestros días. Y es que miro preocupado como constantemente caemos en la trampa de intentar explicar aquello que se escucha viendo y se ve escuchando a partir de las limitadas herramientas de catalogación académica que nos otorga el estudio. He de remarcar que no desprecio el ambiente culto y académico del paganismo, al contrario, lo alabo y lo considero necesario para no caer en estupideces ni incoherencias que pueden evitarnos la soberbia ignorancia y la estupidez en más de una ocasión, ambas terribles y demasiado atrevidas.

Pero intentar alcanzar el fuego con la manos sólo nos producirá quemaduras. Y es que creo que una de las mayores paradojas de la aspiración del ser humano cuando encuentra “su verdad” es querer traducirla al lenguaje, transmitirla como axioma o dogma sólo convierte un convencimiento en algo analizado por la razón, por lo que pierde toda trascendencia en el proceso si sólo nos quedamos con el significado definitorio de las palabras. Es en esa escasez del pensamiento racional cuando nos encontramos con los arietes de las mentes cerradas: las expresiones mito-poéticas.

Las expresiones mito-poéticas son aquellas que nos hacen resonar el alma y nos ponen en sintonía con aquello que está más allá y, sin embargo, está presente en todo momento en nuestras vidas. El lenguaje de los mitos no sigue las normas de la lógica, no está hecho para que lo escuchen nuestra cabeza, busca acariciar el espíritu y transmitir mediante el símbolo y la interacción mágica aquello que no es medible, abarcable ni explicable. Este es el lenguaje en el que los espíritus y los dioses hablan con nosotros, ellos están más allá de las limitaciones que nuestra mente común suele encontrarse al razonar con lo paradójico, lo contradictorio y lo “imposible”.

Aprender a hablar con esta antigua voz implica volver a ser conscientes del poder que todas nuestras palabras esconden realmente, volver a ver que lo que nos llega por los mitos y leyendas son narraciones que están más allá de un tiempo y un espacio y que no por ello son menos reales. Los mitos son mitos, no ciencia empírica, pero eso no los convierte en menos reales. Los dioses nos hablan de hazañas y gestas que han sucedido, suceden y sucederán porque el tiempo del mito está aquí y más allá, no se mide con relojes ni movimiento alguno. El lenguaje mito-poético es capaz de conmovernos y que logremos entrar en esa comprensión donde tiempo y lugar son lo mismo, logrando así que el ser humano sea capaz de comprender lo divino y actuar en consecuencia.

El retorno al pensamiento mágico requiere de volver a recomprender este lenguaje mito-poético y así retomar la conciencia de los númenes y espíritus involucrados en este proceso comunicativo que va más allá del simple lenguaje. Este proceso implica volver a ser conscientes de nuestra capacidad de hacer magia, de que nuestro universo está interconectado más allá de las relaciones causa-efecto y que la sabiduría no siempre tiene que ver con la practicidad, sino con aquello que es esencial y se nos ha escapado por mirarnos tanto los pies y olvidar levantar nuestros ojos a lo que siempre ha estado delante.

Este es uno de los grandes motivos por los que en este sitio, cuando hablamos de lo que percibimos y sentimos, hagamos referencias que podríamos considerar poéticas o míticas. No buscamos retornar a un discurso científico, ese no es nuestro campo ni nuestro objetivo. Pretendemos reconectar con el Territorio y lo que surja en nuestro interior al conocerlo, comprender e interactuar con las fuerzas que en él se mueven. Y para ello, el lenguaje mito-poético es el vehículo por el cual esta realidad puede ser narrada de espíritu a espíritu con el deseo de que pueda llevaros a emprender el viaje del conocimiento y sentimiento hacia la Tierra que pisamos.

Carlos Sánchez

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